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Actualidad

El testimonio de una mujer superviviente de trata tras curarse del COVID19

Florence (nombre ficticio) no ha tenido una vida fácil, comparte una trayectoria vital sembrada de adversidades al igual que muchas mujeres con las que trabajamos: huída de la pobreza, abusos y persecuciones en su país, captación por parte de las mafias de trata, explotación sexual en diferentes países por los que transcurrió su proceso migratorio, cruce milagroso de la frontera a bordo de una patera, embarazo en tránsito y la crianza de un hijo en solitario entre otras situaciones complicadas que ha sabido superar con una resiliencia admirable.

La llegada a España, a un supuesto lugar seguro, aún le reservaba una prueba más. Apenas dos semanas después de haber ingresado en uno de nuestros recursos de protección y atención integral, Florence comenzó a sentir fiebre y una tos seca. Apenas comenzaba la pandemia y poco se conocía aún, pero una visita casi rutinaria al hospital para determinar de dónde podían venir esos síntomas y una prueba médica realizada esa misma tarde fueron concluyentes: estaba afectada por la COVID19. Aquella noche, la primera de muchas, ya durmió en el hospital.

Florence permaneció tres semanas ingresada, desfilando por varios hospitales. Hospitales, eso es casi lo único que hasta ahora conoce de España. El tiempo ingresada lo ha vivido sobre todo con miedo, no por ella sino por su hijo de pocos años. “Ha sido la primera vez que nos separábamos, aunque he visto que en la casa en la que se ha quedado ha aprendido muchas cosas, a cepillarse los dientes por la mañana, a comportarse en la mesa y a comer mejor, estoy muy contenta y orgullosa. Él ha sido mi mayor preocupación durante el tiempo que ha estado enferma pero a la vez también mi fuerza para salir lo antes posible de esto”.

La estancia en el hospital le impresionó “Había mucha gente enferma en el hospital, mucha gente lamentándose y quejándose, aunque los enfermeros se han portado muy bien con nosotros y nos daban ánimos. Afortunadamente no vi que muriese nadie”. Florence tuvo suerte, a los pocos días rebajó los 39 grados con los que entró y tan sólo permanecieron la tos y sus preocupaciones por lo que ocurría fuera.

En su opinión esta situación de crisis sanitaria sin precedentes va a cambiarnos mucho la mentalidad a todos, empezando por ella “en mí ha cambiado muchas cosas, yo creía en Dios, pero no muy profundamente, después de esto creo más. He comprendido lo que nos necesitamos unos a otros”. Guarda contacto con sus familiares en su país de origen y cree que en África están viviendo la pandemia de una forma muy diferente a la nuestra. “Allí mucha gente se toma aún la enfermedad a broma y no se quedan en casa como aquí, aunque también es cierto que no tienen elección, tienen que salir a la calle a ganarse la vida cada día. Pero la mentalidad y la situación africana en comparación a la europea es muy diferente”.

Florence ya está de nuevo con su hijo en uno de nuestros hogares – refugio, tiene ganas de que todo pase y poder salir a pasear con él y conocer más de nuestro país. Su meta es poder regularizar su situación en España, trámite que ya ha iniciado, pero que vive con gran incertidumbre debido a la paralización de las instituciones en esta etapa que nos ha tocado vivir. Su sueño: “Quiero montar mi proyecto sea aquí o en mi país para ayudar a la gente que tiene VIH y que no tienen recursos para curarse. Ayudar a la gente a que tenga una oportunidad”.

La capacidad de superación de Florence nos inspira a todos y nos recuerda cada día que cualquier cosa que podamos hacer en beneficio del acceso a derechos para las personas más vulnerables, merece la pena… En tiempos de Covid, su ejemplo y nuestro compromiso se hacen cada día más necesarios.

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