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Si partimos de la base de que la prostitución es una de las formas más brutales de violencia que afecta de manera desproporcionada a mujeres y niñas, podemos entender que hablar sobre prostitución no siempre es una conversación fácil y agradable.

Es un tema que siempre genera debate porque está rodeado de muchos mitos y creencias que, a base de repetirlos, se han tomado en el imaginario colectivo como ciertos. Sin embargo, si los analizamos desde una perspectiva feminista, son ideas que se pueden desarticular.

Resaltado especial: Cabe destacar que, dentro del movimiento feminista hay un debate abierto sobre esta temática que tiene tres posturas claras:

  1. La postura regulacionista, que defiende la prostitución como una actividad económica más que se debe regular bajo la ley.
  2. La postura prohibicionista, que plantea dejar la prostitución fuera de cualquier marco jurídico y legal, siendo la mujer en situación de prostitución quien asumiría las multas y no los puteros ni los proxenetas.
  3. La postura abolicionista, que propone acabar con la demanda y también atajar las circunstancias que favorecen su existencia. Propone criminalizar y castigar con multas y penas de cárcel a proxenetas y puteros, proporcionando asistencia integral a las mujeres en situación de prostitución, con el fin de proporcionar otras alternativas.

Desde esta última postura es desde donde se plantea este artículo, en el que daremos respuesta a ciertos mitos que pueden salir en cualquier conversación. Sin embargo, en las respuestas hemos incluido también a los puteros, puesto que partimos de la base de que son los eternos invisibilizados cuando, sin su demanda no habría discusión.

Argumento 1: “La prostitución ha existido siempre, es el oficio más antiguo del mundo”

A modo de chascarrillo, y si no te apetece entrar en mucha polémica, puedes desarticular este mito diciendo que el oficio más antiguo es la agricultura.

Sin embargo, si te apetece entrar en debate, puedes apuntar que más que un oficio, es una actividad que lleva presente a lo largo de los años en diferentes culturas y sociedades. Sin embargo, hay dos aspectos muy importantes que resaltar:

Por un lado, decir que es un oficio o un trabajo transmite la idea de que es una actividad que puede ser ejercida tanto por hombres como por mujeres y, aunque a nivel teórico es así, a nivel práctico la realidad es que la gran mayoría de personas que se encuentran en situación de prostitución son mujeres. También invisibiliza que los demandantes de prostitución son mayoritariamente hombres. Concretamente en España, el 99,7% de quienes pagan por sexo son hombres.

Por otro lado, que sea una actividad continuada en el tiempo, y que se haya dado en diferentes culturas, es un ejemplo de cómo el patriarcado y su manera de articular el poder, lleva presente en nuestras sociedades desde hace años.

Por último, para tener un cierre estelar, puedes concluir que tal y como dice Beatriz Gimeno, la posición abolicionista mantiene que la prostitución de mujeres solo puede analizarse desde la perspectiva de la historia de la desigualdad entre hombres y mujeres y que, como dice Ana de Miguel, los hombres, como grupo social o “género”, han tenido el poder sobre las mujeres. El poder económico, el poder político y el poder simbólico.

Argumento 2 “Está en la naturaleza sexual del hombre, por lo tanto, protege a las mujeres de abusos sexuales”

Si no quieres entrar en polémica, te recomendamos que este comentario lo desarticules alzando la ceja, echándote la mano a la cara y diciendo: “lo que hay que oír”.

Sin embargo, si te apetece entrar en materia y quieres rebatir este argumento, puedes comenzar argumentando que no existe el derecho al sexo, que no está recogido en ninguna ley. Probablemente, te cortará y te dirá algo relacionado con que es algo irracional, innato en los hombres y, para ese momento, te proponemos tres posibles argumentos:

Por un lado, puedes señalar que está haciendo una división entre mujeres. Está categorizando entre mujeres de primera y mujeres de segunda –el símil futbolero siempre se entiende–. Le puedes subrayar que está transmitiendo la idea de que hay mujeres a las que proteger y mujeres que usar para esa protección, es decir mujeres con derechos y mujeres sin derechos, que sigue transmitiendo la idea de la “santa” y la “puta”.

Por otro lado, puedes argumentar que no somos animales y que los humanos no entramos en celo, siguiendo el periodo fértil de las mujeres, sino que la sexualidad está atravesada por muchos otros atributos, elementos y significados construidos socialmente.

Por último, y para completar la idea anterior, puedes decir que “irse de putas” es un acto racional. Esto lo explica muy bien Laura Torres:

“El prostituidor dispone de tiempo y de dinero (indicadores de poder en la sociedad), adopta una decisión racional sobre el tipo de prostitución que va a demandar (anuncios de prensa, chicas de alterne, club de carretera, domicilios particulares) y encamina su acción para acceder a ella. Esta decisión le obliga a postergar su deseo y disciplinar su conducta, adaptándola, por ejemplo, al momento del mes en que cobra, o a la posibilidad de tener una coartada ante su pareja sentimental (de hecho, la demanda de la prostitución se incrementa por la mañana, cuando el prostituidor despierta menos sospechas y puede ocultar su infidelidad)”

Por último, para tener un cierre estelar, le puedes nombrar a Beatriz Ranea, que en su tesis deja muy claro que: la actividad es primordial en el proceso de confirmación de la masculinidad, y que ésta aparece reducida a la genitalidad masculina.

Argumento 3 “Las mujeres que están en situación de prostitución son libres y libres sexualmente”

Si no quieres entrar en polémica puedes optar por revisar los WhatsApps que tengas pendientes o entrar en nuestro Instagram y dejar que el silencio haga su trabajo.

Sin embargo, si quieres entrar al debate es importante que cambies el foco de la conversación porque tal y como dice Celia Amorós: “el feminismo, (…) no cuestiona las decisiones individuales de las mujeres, sino las razones que las obligan a tomarlas.”

Dicho esto, le puedes señalar que, aunque hay una dificultad muy grande a la hora de encontrar datos estadísticos actualizados sobre la relación entre trata y explotación, los pocos estudios que hay desmienten este mito como es el “Estudio sobre la prostitución, la trata y la explotación sexual en las Islas Baleares” de 2020 en el que constatan que la mayoría de las mujeres (87,45%) desearían dejar de ejercer la prostitución.

Probablemente te cuestionen los datos, pero en ese momento les puedes decir que la frase “lo hacen porque quieren” deja de lado factores tan importantes como la feminización de la pobreza u otras vulnerabilidades socioeconómicas.

Para un cierre apoteósico, les puedes nombrar esta idea de Ana de Miguel:

El libre acceso al cuerpo de las mujeres está garantizado en la casi totalidad del planeta. Un hombre puede viajar de Valencia a Pernambuco, pasar por Taiwán o Egipto. Basta con que pare a un taxista y formule estás sencillas preguntas: ¿Aquí, dónde están las mujeres?, ¿Dónde están las chicas?, tú ya me entiendes. Cualquiera de estas frases es comprendida en el lenguaje universal de las sociedades patriarcales.

Argumento 4 “Tengo una conocida de una conocida que lo hace libremente”

Si no quieres entrar en polémica, puedes decirle que aceptas su punto de vista pero que no vais a llegar a ningún acuerdo.

Pero, si te apetece entrar en la controversia, es importante cambiar el foco del debate y no centrarlo en las decisiones individuales de cada mujer, sino en las razones que les obligan a tomarlas. Y, en este momento, llegamos al culmen de los argumentos: la crítica al capitalismo y el modelo de consumo neoliberal.

El primer argumento que puedes poner para el debate es que quien tiene realmente libertad de decisión es el putero, que es quien acude de manera libre y racional y que, para satisfacer su deseo, hace una elección consciente sobre qué tipo de consumo quiere realizar y qué tipo de cuerpo quiere consumir. Es decir, él tiene una actitud activa de elección y la mujer en situación de prostitución una actitud pasiva, esperando que sean las elegidas.

Otro argumento que puedes poner sobre la mesa es que, en la gran mayoría de lugares en los que se consume, quienes están en situación de prostitución son las mujeres y no los hombres y quienes acuden a consumirla son hombres y no mujeres, por lo que la libertad sigue teniendo un significado diferente para hombres y mujeres: los hombres tienen libertad para irse de putas, las mujeres tienen libertad para ser putas.

Otro argumento, es que los espacios donde los hombres consumen prostitución son sitios en los que se permite la entrada a cualquier hombre, vaya solo o en grupo, y, sin embargo, no puedan entrar mujeres que no ejerzan la prostitución lo que, claramente, pone de relieve que las mujeres son la mercancía dentro de una lógica de mercado. A lo mejor, te puede saltar con que hay espacios no mixtos en los que no dejan entrar a los hombres, pero ahí la respuesta es muy fácil: esos espacios son para que las mujeres se sientan seguras, no para consumir cuerpos de mujeres.

Si quieres tener un cierre estelar puedes relacionar el concepto de libertad con la crítica al modelo capitalista diciendo que la libertad termina cuando se establece una retribución económica puesto que, en ese momento, quien pasa a tener el poder es quien tiene el dinero. También puedes citar a Beatriz Ranea, que lo explica muy claro: el consumo que ha de ser analizado también en relación con el significado del dinero desde el enfoque de género, ya que el poder que confiere el dinero tanto material como simbólicamente, ha estado tradicionalmente asociado a la construcción de las identidades masculinas.

A modo de argumento comodín, puedes argumentar que la prostitución está anclada en la desigualdad. Puesto que para existir necesita de la desigualdad económica y cultural o millones de mujeres no se dedicarían a ella. Pero, además, necesita y refuerza la desigualdad de género, la ideología de la desigualdad sexual.

En definitiva, tal y como dice Ana de Miguel, la reflexión de la prostitución tiene que girar en torno a nuestro horizonte normativo y el mundo que queremos construir y llegar a las generaciones futuras; si queremos construir un mundo en que se normalice el acceso reglado a un mercado de cuerpos de los que se puede disponer para su uso sexual o no.

Fuentes:

  • De Miguel, A. (2016). Neoliberalismo sexual. Ediciones Cátedra.
  • De Miguel, A (2014). La prostitución de mujeres, una escuela de desigualdad humana. Dilemata, 16, 7–30. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4834543.pdf
  • Gimeno, B. (2018). La nueva utilidad de la prostitución en el neoliberalismo. Atlánticas – Revista Internacional de Estudios Feministas, 3(1), 13–32. https://doi.org/2530-2736
  • Ranea, B. (2019). Masculinidad hegemónica y prostitución femenina: (re)construcciones del orden de género en los espacios de prostitución en el estado español. Docta.ucm.es; Universidad Complutense de Madrid. https://docta.ucm.es/entities/publication/070fcc67-a3fb-47cc-b7bd-b77bc2e776fc
  • Ranea, B. (2021). Desarmar la masculinidad: Los hombres ante la era del feminismo. LOS LIBROS DE LA CATARATA.
  • Ranea, B. . (2023). Puteros: Hombres, masculinidad y prostitución. LOS LIBROS DE LA CATARATA.